Cassez no es Nacional

Cassez no es Nacional
Eduardo García Gaspar
24 febrero 2011
Sección: DIPLOMACIANACIONALISMOSección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: 

 

El personaje central era Florence Marie Cassez Crepin, ciudadana francesa, arrestada y condenada en México a sesenta años de prisión. Fue acusada de participar en secuestros, junto con su amante. Su proceso judicial no ha sido precisamente ejemplar.

Según tratados internacionales, podría ella retornar a su país, donde cumpliría el resto de su condena. El gobierno mexicano se ha negado argumentando que posiblemente no se cumpla ese castigo.

A principios de marzo, en 2009, el presidente francés, Sarkozy, en visita a México, solicitó la extradición. Resultado negativo.

A principios de 2011, Sarkosy declara que el evento llamado “Año de México en Francia” será dedicado a la prisionera. Resultado: el gobierno mexicano cancela su participación en esa serie de eventos.

Al personaje central lo han desplazado otros dos personajes, ambos gobiernos, el de Francia y el de México.

La prisionera parece que la han metido en otra cárcel, la del nacionalismo, lo que empeora las probabilidades de solución. El nacionalismo tiene esa terrible tendencia a evitar el uso de las neuronas.

Para tener idea del tipo de reacción que el affair Cassez ha tenido en México, hay que ver la conducta de los partidos políticos. Partidos que en todo se oponen al presidente, en todo, lo han apoyado en este asunto.

Le digo, el nacionalismo tiene efectos sorprendentes. En Francia ha sido algo similar.

En resumen tenemos una situación que bien vale una segunda opinión.

Un elemento gubernamental mexicano se distingue, el de un sistema policiaco y judicial que está muy lejos de ser siquiera mediocre. El caso de la prisionera muestra defectos serios en su proceso.

El elemento gubernamental francés fue haber llevado el problema de un nivel diplomático a un plano nacionalista.

Me parece conveniente, primero, delimitar el caso a uno de relaciones entre gobiernos y no entre personas. Verlo como diplomacia y no como nacionalismo ayudará a quitarse de encima prejuicios y gritos. Y es que una cosa es el gobierno de un país y otra su gente.

Pero tratar de separar a la diplomacia del nacionalismo es caso difícil. Siempre se mezclarán con ese resultado negativo, el de las neuronas sustituidas por las emociones. Se tenderá a asignar la culpabilidad a todos los franceses y, del otro lado, me imagino, a todos los mexicanos.

Una definición de nacionalismo dice que es un sentido de pertenencia a una nación, uno de los posibles modos de identificación personal que señala un grupo dentro del que puede ser agrupada una persona. Es eso que hace decir, “ella es francesa”, “somos argentinos”, “él es mexicano”.

Pero además de eso, el nacionalismo acarrea un sentimiento de identificación afectiva que tiene muy diversas intensidades. Puede ser un afecto razonable, pero también un amor desquiciado, que varía en cada ocasión.

Quizá usted recuerde hace tiempo un partido de futbol, de los EEUU contra México, cuando durante el himno estadounidenses los aficionados mexicanos realizaron una penosa rechifla. Este es un caso de ese nacionalismo perturbado al que puede llegarse.

Es el riesgo siempre presente en situaciones en las que se confunde a un gobierno con su país.

Y es que hay algo en el nacionalismo que puede trasformar al afecto racional que uno siente por su país en rencor irracional por otros países y juzgar a todos sus habitantes por igual, negativamente… lo que da al nacionalista un sentido de superioridad.

Quizá fue G. B. Shaw el que apuntó la idea más rica sobre el nacionalismo, definiéndolo como “la convicción de que un país es superior al resto porque tú naciste en él”.

Y fue P. Casals otro que apuntó la idea de que “el amor por el país propio es algo espléndido, pero no tiene por qué detenerse en las fronteras”.

En fin, supongo que bien valga una segunda opinión el intentar introducir una línea que separa a los gobiernos de las naciones En este caso esa línea debería quitar de un caso diplomático específico a los sentimientos nacionalistas que suele agravar las cosas sin sentido ni razón.

Un caso legal y diplomático se ha convertido en una situación bárbara y grosera al ser mezclado con sentimientos nacionalistas que nada tienen que ver en el asunto. No, ningún honor nacional está en juego. Es un asunto sólo entre gobiernos.

Post Scriptum

En WikiPedia existe un resumen del caso Cassez.

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Nacionalismo.

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