Amarillo, Como un Gatillo

Amarillo, Como un Gatillo
Eduardo García Gaspar
2 marzo 2011
Sección: GOBERNANTESSección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: 

 

No es una noticia sorprendente. Había indicios claros. En pocas palabras, los gobiernos estatales en México tienen deudas que han prendido focos amarillos en el sistema bancario mexicano.

Un caso, “Aguascalientes frente al Banco Interacciones con un adeudo de 110 millones de pesos, lo que obligó al intermediario financiero a boletinar al gobierno del estado al Buró de Crédito” (El Universal, 28 febrero 2011).

Otro caso, “Zacatecas que, durante la gestión de Amalia García, se vio en la necesidad de reestructurar su adeudo con Banamex”.

En Nuevo León se ha reportado que la administración anterior contrató créditos a tasas más altas de las posibles.

Un caso llamativo fue reportado a mediados del mes pasado,

“Bancomext prestó a Mexicana 900 millones de pesos en 2009 cuando la compañía estaba descartada como sujeto de crédito, concluyó la Auditoría Superior de la Federación (ASF) en su revisión de la cuenta pública de ese año. [...] Según la ASF, el grupo presentó estados financieros que mostraban pérdidas superiores a los 3 mil millones de pesos y aún así se le otorgó el monto solicitado”.

En un panorama general, del fin de 2008 a junio de 2010, el total de obligaciones financieras en el Registro de Obligaciones y Empréstitos de Entidades Federativas y Municipios de la Secretaría de Hacienda pasó de ser 51% a 61 respecto a las participaciones federales totales.

El tema bien vale una segunda opinión para señalar el fondo del asunto de la elevación de deudas de gobiernos estatales en México y, en general, un mal uso de los recursos en manos gubernamentales.

Es una conducta natural a los gobernantes. Para ellos gastar es su razón de ser. Sin gasto son nada. Con gasto, mucho gasto, lo son todo.

Reconocer esto es ya ganancia. No es algo accidental ni ocasional. Gastar en los gobernantes es tan natural como el calor al fuego.

Sin gastar no existen. Gastando se justifican a sí mismos y la sangre ya corre por sus venas. No exagero. Tal es la vida del gobernante.

Tienen ellos una fuente legal de ingresos, el cobro de impuestos, pero esto tiene un límite que es la paciencia de los ciudadanos. Ellos pueden ser desplumados hasta un cierto límite, por usar la frase de Colbert, ministro de Luis XIV.

Pero ese límite no satisface al gobernante. Tal es su ansia de gastar que debe usar otros medios para obtener dinero.

Y lo obtiene. Aunque se llama deuda pública, es en realidad impuestos futuros. Una forma anticipada de obtenerlos y gastar satisfaciendo su vehemencia presupuestal. Insisto en que no estoy exagerando. Es una realidad diaria.

Se tiene, por tanto, una de las peores situaciones posibles.

Se cobran los impuestos que corresponden al presente, pero esto significa una frontera al gasto. ¿Qué hacer entonces? Se piden préstamos a cuenta de impuestos por cobrar, en una acción que ha sido de las más miopes jamás tomadas.

Los préstamos gubernamentales deberían ser la excepción para casos de emergencia y no una práctica cotidiana. El resultado es una menor escasez de capital para proyectos productivos y un mayor desperdicio de capital en manos gubernamentales.

El particular tiene especial interés en usar productivamente sus créditos. Los gobernantes no tienen ese incentivo, por varias razones.

Primero, no hay responsabilidad personal: el gobernante que pide un préstamo no ve afectado su patrimonio en caso de usarlo en proyectos improductivos. Le da igual su uso.

Segundo, la responsabilidad de pagar los créditos no será de su administración, sino de las que siguen, cuando no esté él ya en el gobierno al que endeudó. Serán otros los que tengan que preocuparse por pagarlos.

Tercero, a más recursos manejados mayor probabilidad de descuido en sus usos. No sólo en proyectos sin sentido, sino en compras de lealtades corporativistas, lujos personales, crecimiento de burocracia y corrupción.

El que ahora se reporten focos amarillos en las deudas de gobiernos estatales en México es la consecuencia lógica de la mentalidad del gobernante. Toda la teoría y toda la práctica lo señalan y esto es lo más curioso de todo el tema de las finanzas públicas.

Me refiero que a pesar de toda esta evidencia existen personas que apoyan el tener gobiernos más poderosos, más grandes, que gasten más. No lo entiendo.

Esas personas, al final de cuentas, proponen como una gran idea que se paguen más impuestos ahora y mañana, y que, además, es una gran idea desperdiciar capital.

La pasión por gastar conduce sin remedio a una crisis de deuda que es la quiebra financiera de los gobiernos, cuando no puedan cubrir pagos de intereses ni de principal, ni incluso pago de personal.

Y, cuando esa crisis se presenta, el gatillo se dispara, todos la sufrimos, incluyendo aquellos que se regocijaron con un mayor gasto de gobierno.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Finanzas Públicas y enContraPeso.info: Crisis Económicas.

Ayer (WSJ) se confirmaron datos sobre los EEUU y el mismo síndrome:

Federal spending will total at least $3.8 trillion this year—double what it was 10 years ago. And unlike in 2001, when there was a small federal surplus, this year’s projected budget deficit is more than $1.6 trillion. [...] States are looking at a combined total of more than $130 billion in budget shortfalls this year. Next year, they will be in even worse shape as most so-called stimulus payments end.

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