Hazlo Tú, es Mejor

Hazlo Tú, es Mejor
Eduardo García Gaspar
4 marzo 2011
Sección: LIBERTAD ECONOMICASección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: 

 

La reacción es como un reflejo condicionado. Le sucede a cualquiera que propone una economía libre con un gobierno limitado.

Se puede tener toda la evidencia que se quiera, en teoría y en la práctica, que muestre que los mercados libres son mejores, pero aún así, viene la reacción inmediata.

Ella es algo como “muy bien, acepto la superioridad de la economía libre, ella crea más prosperidad que el intervencionismo estatal, pero ¿quién se encargará de los que son pobres? Sólo el estado puede hacerlo”.

Ese comentario es tan común como paradójico.

Primero, acepta que las economías libres crean más prosperidad que el intervencionismo estatal.

Segundo, propone que debe pagarse el precio de una menor prosperidad aceptando el intervencionismo porque el gobierno es el único que puede ayudar a los pobres.

Es curioso que en aras de ayudar a los pobres se proponga tener un sistema económico que lastima a todos, incluyendo a los pobres. Esta contradicción no es vista con facilidad y cuando se señala, gana usualmente la terquedad. Se insiste en que el gobierno es quien debe ayudar a los pobres.

El tema bien vale una segunda opinión e intentar exponer la realidad.

Para ayudar a los pobres, los gobiernos tienen que retirar recursos de los ciudadanos. Recursos que pasan por las manos de los burócratas y llegan, mermados, a ser ayuda a los pobres (con seguras desviaciones a grupos de poder).

Es decir, al final de cuentas es el dinero del ciudadano el que se triangula, pasando por un intermediario ineficiente, para convertirse en ayuda a personas pobres.

La única aportación estatal es la de un cobro obligatorio, una caridad forzada en el ciudadano. A esto se le llama redistribución de la riqueza y tiene un costo: menor prosperidad de la posible para todos.

El asunto queda más claro ahora. Lo que esa respuesta condicionada presupone es que las personas, dejadas a su entera voluntad, no harían obras de caridad con los pobres. Todos o casi todos son unos egoístas que se quedarían con su dinero sin ayudar a nadie y, por tanto, el gobierno debe entrar a quitar dinero a unos para dárselo a otros.

La suposición es dudosa. Existen muchos programas de caridad y fundaciones que son privados. Con menos impuestos, ellas contarían con más recursos (sin considerar que ellas suelen ser más eficientes).

Además, con menos impuestos, las personas los usarían también en ellas mismas y crearían más riqueza, lo que ayudaría a todos, incluyendo a los pobres.

Dejemos el asunto claro.

Si a pesar de reconocer que los mercados libres crean más prosperidad, se insiste en que el único que puede ayudar a los pobres es el gobierno, eso significa decir que ninguna persona particular estaría dispuesta a gastar un sólo centavo en ayudar a otros.

O, aún peor, significaría que las personas han renunciado a ayudar al prójimo y han colocado esa responsabilidad en los gobiernos.

Por eso, cuando me han preguntado quién ayudaría a los pobres en caso de tener mercados libres e impuestos más bajos, suelo contestar: “Tú y muchos otros como tú”.

Darle esa responsabilidad al gobierno es dejar de cumplir uno mismo con el mandato de amar al prójimo.

La cosa se complica más por otra razón. Si se opta por tener un gobierno que hace caridad a nombre de los ciudadanos, debe aceptarse la responsabilidad moral de tener un sistema económico en el que todos sufren menor prosperidad de la posible, incluyendo a los pobres mismos.

Si se insiste en tener un estado responsable único de la caridad, a pesar de lo anterior, el problema ya es de otro tipo.

Sería uno de obstinación y necedad, de una mente limitada a una sola posibilidad, la de pensar que los ciudadanos sólo pueden hacer caridad si se les amenaza con penas legales y cárcel.

El estado interventor, responsable único de la caridad, sobrevive, por tanto, en la falta de cuestionamiento de una hipótesis sumamente débil, la de que las personas no han sido jamás caritativas, ni podrán serlo nunca (y por supuesto, que el gobierno maneja con alta eficiencia el dinero a redistribuir).

Y sí, la respuesta a, eso de qué hacer con los pobres es directa: aplicar el sistema económico que mejor resultados da para todos, el que mas prosperidad crea, y dejar a la caridad en manos de quien realmente tiene esa obligación, las personas, cada una de ellas.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Redistribuciones. Sobre los programas sociales de ayuda a los pobres, la idea de Charles Murray en Los Pobres no Son Iguales, resulta genial.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.