Alicia y su librería – El Insomnio – B

(viene de : http://fundacionhayek.co/?p=767)

Hace unos días revisé mi correo. Había un mensaje de Eloísa y en el asunto decía: Esperanza. Al verlo me dio mareo, un fuerte dolor en la cabeza y esa opresión en el pecho que provocan las asfixias. Luego me acuerdo haber quedado tendida en el sofá de la recepción, temblando y con toda la gente de la oficina mirándome.

“Andrea, te tienes que ir para la casa, estás muy mal”. Esa voz era la de María Clara, la directora de la organización, quien con ternura me acariciaba la cabeza.

“No es nada, no te preocupes. Ya estoy mejor, además tengo mucho trabajo” – Creo que eso fue lo que dije-

“Debe estar embarazada”- dijo Felipe, con aire de suficiencia.

“Felipe, ese sí que es un lugar común para diagnosticar lo que me pasa”.

“No quise ofenderte. Todas tus compañeras están muy preocupadas. Pero, y ¿si no es un embarazo, entonces qué crees que te pasa?” Agregó, mientras con su sonrisa intentaba pedirme disculpas.

“Creo que estoy pasando por una fase aguda de: ¿y al final si sirve para algo todo lo que hago?”

María Clara dijo: “Pero este es uno de los episodios más graves que he visto en este equipo, ¿crees que es solo eso?”

“¿Sólo eso?, María Clara ¿acaso el sentido de mi vida no tiene importancia?”

Ahí fue cuando Felipe, mi colega, sugirió que hiciera un viaje a Guaduas. Con un par de llamadas coordinó transporte, alojamiento y alimentación. Al otro día, por la mañana me recogerían en la casa. Me despedí de todo el mundo. Fui hasta el escritorio a recoger mis cosas, pero en la pantalla del computador, ví un mensaje que debía leer de inmediato, con el título más inofensivo del mundo.

Era una sola palabra que me estaba cambiando la rutina que traía. Una palabra que no me dejaba dormir, una palabra que de no ser ésa, no tendría importancia.

Eloísa tenía razón. Ese era el concepto que tenía que confrontar en este momento, y si existía… si existía la esperanza ahora tenía forma de pueblo, ahora esperanza para mi, era Guaduas.