Segunda Ley de la Estupidez: Todos Pueden Serlo

Todos Pueden Serlo
Eduardo García Gaspar
22 febrero 2011
Sección: EDUCACIONSección: Una Segunda Opinión
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Sólo se tratará aquí la Segunda Ley de la Estupidez. Esa que establece que la bobería de una persona es una variable independiente del resto de los rasgos que ella tenga. La ley es de Carlo Cipolla, un economista italiano.

Fue promulgada en una obra, con el título Allegro ma Non Troppo. No la he leído, aunque la estoy buscando. Me baso en una de las críticas que sobre el libro he leído.

Cipolla, según se dice, propuso cinco leyes sobre esa parte de nuestra naturaleza, nuestro potencial idiota. La primera ley la traté en Hay Más de Los Imaginados.

El tema suele provocar sonrisas y ellas son, sin duda, una reacción de reconocimiento de una verdad que apena. Es cierto. Nuestra imperfección humana, tomada como una realidad incontestable, hace necesario un estudio de esa cualidad innegable. Un estudio serio del tema.

La ley propone como verdad que la probabilidad de que una persona sea boba tiene una relación ortogonal con el resto de sus cualidades. Eso de ortogonal significa que no hay relación entre la bobería y los otros rasgos de la persona. La ley tiene sus consecuencias.

Según leí, la bobería viene en dosis variables, lo que significa que algunas personas son más idiotas que otras. La estupidez, por tanto, es variable y, de acuerdo con la primera de las leyes, es más abundante de lo que se piensa. Pero hay más.

Si la ley afirma que la bobería es ajena al resto de los atributos personales, eso significa que ella existe con independencia de raza, sexo, edad, estado civil, nacionalidad, estudios, fama, de todo. Al menos, según el autor, que así hace las cosas más interesantes.

Tome usted, por ejemplo, a un grupo de personas. Digamos actores de cine y televisión, su nivel de bobería será independiente de su talento para actuar. O en otros grupos, de su talento para cantar, para escribir novelas, para dar clases, para administrar empresas, para lo que usted quiera.

Recuerda esto lo que leí en alguna parte. Decía que pocas cosas son tan preocupantes como la ignorancia del culto e informado. El saber de muchas cosas y el estar enterado de todo, no reduce la probabilidad de ser tonto. El gran conductor de noticias que admiramos tiene igual probabilidad de serlo que un barredor de calles. O el columnista que usted lee.

No sé usted, pero esta segunda ley hace pensar en un posible complemento.

Si el nivel de idiotez es variable, entonces es posible encontrar diferentes grupos de personas. Puede ellas ser clasificadas en varias categorías de bobería decreciente, desde los muy muy bobos hasta los poco bobos.

Pero, cómo determinar a esos grupos. La única manera es tener una medición de bobería o idiotez, lo que es un reto mental fascinante.

Podemos, por ejemplo, decir que el número y el tamaño de las tonterías cometidas en un tiempo largo sería un indicativo confiable, uno que mediría la frecuencia de las tonterías cometidas.

Pero eso no remedia el problema de fondo, el del qué atributos debe tener una acción para que sea clasificada como tonta.

Es cierto que los humanos tenemos la posibilidad de reconocer a lo tonto y separarlo de lo que no lo es, pero una medición de la idiotez es otro asunto más complejo. Y, peor aún, existe una alta probabilidad de tener una medición fallida, o idiota.

Hay otra especulación posible: si existen grupos de personas que puedan ser clasificadas de acuerdo con diferentes niveles de idiotez, es una posibilidad que dependiendo del nivel de bobería ellas sea atraídas por trabajos y profesiones en los que la inteligencia sea un requisito menor.

Los menos inteligentes tendrán una mayor incidencia en ciertas profesiones que en otras. Esto negaría en parte la segunda ley, según la cual, por ejemplo, usted encontraría su buena proporción de tontos en grupos como los premiados con un Nobel. De acuerdo, pero es posible que sea una proporción ligeramente menor al de otros grupos.

Del lado de las profesiones que son atractivas para quienes califican en grupos con alto nivel de bobería, allí estarían trabajos con escasa posibilidad de medición de resultados y disposición fácil de recursos. Puestos y profesiones en los que se no necesitara un sentido común desarrollado, serían de gran atractivo.

Porque, al final de cuentas, quizá todo sea eso, el poseer o no un sentido común desarrollado, eso que suele ser llamado sabiduría.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Bobadas, donde se dan instancias de conductas y creencias bobas. En ContraPeso.info: Naturaleza Humana hay ideas sobre el ser humano.

La primera de las leyes de la estupidez dice que Hay Más de los Imaginados.

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